21 Días para Habitar con el Padre — Día 15
Saludos en este día. Hoy, con el día 15, empezamos nuestra tercera semana juntos en este viaje de habitar en la presencia de Dios. Y para comenzar, déjame hacerte esta pregunta:
¿Qué le estás pidiendo a Dios hoy? Si pudieras evaluar tus oraciones del último mes, ¿qué es lo que más le pides a Dios?
Yo puedo decírtelo fácilmente. En mi caso, mi esposa y yo hemos estado viendo autos, porque el que tenemos ya es viejo y falla mucho. Así que, ¿qué es lo que más le he estado pidiendo a Dios estos días? Que nos guíe a comprar el auto correcto, que no venga con problemas y que pueda ser una bendición para nosotros como familia y para el ministerio que desarrollamos aquí en México.
¿Y tú? ¿Qué es lo que más le pides en estos días?
Antes de seguir, te invito una vez más a que tomes este tiempo con Dios sin prisas. Este es tu tiempo con Dios. Respira profundamente… y mientras exhalas, imagínate sentado a los pies de Jesús, imagina la paz, el gozo y el profundo amor que Él tiene por ti.
Hoy quiero compartir contigo uno de mis salmos favoritos: el Salmo 27. Este salmo me ha hablado tanto en diferentes momentos de mi vida, y ahora me recuerda lo que realmente importa en medio del trajín diario.
En este salmo, David comienza reafirmando su confianza en Dios, declarando que si Él está con él, no tiene nada que temer. Pero al llegar al versículo 4, encontramos algo profundamente hermoso:
“Una sola cosa pido al Señor, y es lo único que persigo: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y buscar orientación en su templo.”
— Salmo 27:4
Estas palabras me desarman. Me hacen darme cuenta de cuántas veces mis oraciones están centradas en mis necesidades inmediatas, en las circunstancias del momento y no en lo que verdaderamente importa.
Me recuerda la escena de Jesús en la casa de Marta y María. Marta estaba afanada y preocupada por servir, mientras que María simplemente estaba sentada a los pies de Jesús, disfrutando de su presencia. Cuando Marta se queja, Jesús responde: “Marta, Marta, estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará.” (Lucas 10:41-42).
¡Esa es la clave! Tú y yo somos como Marta: inquietos, preocupados, corriendo detrás de mil cosas. Pero Jesús nos dice que hay una sola cosa verdaderamente necesaria: lo que David pidió, lo que María decidió hacer… estar a los pies de Jesús, disfrutando de su presencia, contemplando su hermosura.
Esto es lo que nunca nos pueden quitar. Todo lo demás en la vida se puede perder: un trabajo, una relación, la salud, las posesiones… pero la presencia de Dios es eterna. Nadie puede quitártela, ni en esta vida ni en la eternidad.
Entonces, déjame preguntarte: ¿Cuándo fue la última vez que pediste esto a Dios? ¿Que te ayude a disfrutar de su presencia? ¿Que abra tus ojos para contemplar su hermosura?
Esta es, sin duda, la mejor oración que podemos hacer. La mejor meta que podemos perseguir no es una respuesta, un milagro, ni siquiera una bendición, sino su presencia.
La realidad es que muchas veces solo buscamos respuestas: — “¿Debo aceptar este trabajo?” — “¿Es esta la persona correcta para casarme?” — “¿Debo tomar esta decisión?”
En mi caso, estos días: “¿Es este o aquel auto el correcto?”
Queremos respuestas rápidas, como si Dios fuera una de esas “bolas 8 mágicas” que agitas y te dicen “sí” o “no”. Pero eso no es lo que Él quiere para nosotros. Muchas veces buscamos la respuesta de Dios pero no necesariamente la relación con el Dios que da las respuestas.
David lo entendió, María lo entendió. Solo una cosa es necesaria: habitar en la presencia de Dios, estar a los pies de Jesús, disfrutar de su intimidad, contemplar su hermosura y recibir de Él orientación.
Cuando decides vivir de esta manera, lo sorprendente es que las demás cosas comienzan a tomar su lugar. Las decisiones, los sueños, las necesidades, todo se ordena en la presencia de Dios. No es que los problemas desaparezcan, pero recibes su paz y dirección.
Toma un momento ahora mismo con Dios, pero te animo a no pedir nada, a no apurarte a hablar siquiera. Simplemente disfruta de su presencia.
Mira lo que dice el resto del Salmo 27: “En el día de la aflicción él me resguardará en su morada; al amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto sobre una roca.”
¿No es esto lo que necesitamos? En un mundo lleno de incertidumbre, ansiedad y dolor, hay un lugar seguro: la presencia de Dios.
Por eso hoy quiero invitarte a que reflexiones en las prioridades de tu oración. Está bien pedir por necesidades específicas: un trabajo, un matrimonio, un milagro, hasta un auto. Dios se interesa por todo eso. Pero nunca olvides pedir lo más importante: la única cosa necesaria.
Nos vemos el próximo lunes.