21 Días para Habitar con el Padre — Día 5


Bendiciones en este día y bienvenido a este quinto encuentro juntos. Me alegra profundamente que sigas buscando crecer en tu relación con Dios, y gracias por dejarme ser parte.

Una vez más quiero invitarte a tener este momento sin prisa ni distracciones. Este es tu espacio para correr hacia Aquel que es más alto que tú. Respira profundo… y mientras exhalas, imagina que estás soltando todo lo que hace desfallecer tu corazón. Imagina que corres directo a los brazos de tu Padre… y ahora que estás allí, déjate envolver por la paz que hay en su abrazo, en su altura, en su fortaleza. Permite que la seguridad de estar en sus brazos llene tu ser.

Hoy quiero hablarte de algo que todos, en algún momento, necesitamos: una roca más alta que nosotros. Porque la realidad es que todos pasamos por momentos en los que el corazón simplemente… desfallece.

Puede ser por miedo, por presión, o por circunstancias que escapan de nuestro control. Y cuando eso pasa, instintivamente buscamos dónde refugiarnos, a qué aferrarnos, a dónde o a quién correr.

David lo dijo así:

“Oh Dios, escucha mi clamor y atiende a mi oración. Desde los confines de la tierra te invoco, pues mi corazón desfallece; llévame a una roca que es más alta que yo. Porque tú eres mi refugio, mi torre fuerte contra el enemigo. Anhelo habitar en tu santuario para siempre y refugiarme debajo de tus alas.”

— Salmo 61:1-4

Qué honestidad la de David, ¿no es cierto? Él no está intentando impresionar a Dios con su fuerza. No se presenta como el gran guerrero o el rey poderoso. Se muestra como es: un hijo con el corazón débil, clamando por ayuda. Y pide algo que todos necesitamos en los momentos que estamos así: algo, alguien más alto, más grande que yo.

Eso me hace pensar en mi hijo más pequeño, que tiene casi dos años y está en esa etapa de querer correr por todos lados. Ya no quiere estar en su carriola, ahora quiere “explorar”. Pero en uno de los lugares donde servimos hay un perro pastor belga… grande, imponente.

Cada vez que mi hijo lo ve venir, su corazón “desfallece”. ¿Y sabes qué hace? Corre a mis brazos. ¿Por qué? Porque aunque el perro es grande… él sabe que su papá es más grande. Y cuando ya está en mis brazos y se siente seguro, ¿sabes qué hace? ¡Empieza a gritarle al perro! Porque ahora no está solo, ahora está en una roca más alta que él.

Así somos tú y yo con nuestro Padre celestial. Todos tenemos “perros grandes” que nos asustan: el miedo, la depresión, diagnósticos complicados, deudas, conflictos, dudas. Y cuando vienen hacia nosotros… nuestro corazón desfallece. Pero ahí es donde entra la fe, la fe que corre a los brazos de aquel que es más alto que todo eso. La fe que se refugia en una roca que no se mueve, en una torre que no se cae.

David también usa la imagen de una torre fuerte. En los tiempos bíblicos, las torres eran estructuras elevadas y sólidas que protegían las ciudades. Desde ellas se podía ver al enemigo a la distancia. Eran lugares de vigilancia y refugio.

Por eso cuando David dice que Dios es su torre fuerte, está diciendo: “Tú eres mi lugar seguro. Eres mi defensa. Eres el único a quien puedo correr y estar en paz.” Me recuerda ese himno antiguo de Lutero inspirado en Proverbios 18:10: “Torre fuerte es el nombre del Señor, a Él correrá el justo… y levantado será.”

¿Y tú? ¿A dónde corres cuando tu corazón se estremece? ¿Tienes un lugar físico donde buscar a Dios? ¿Un espacio sagrado, un rincón donde te encuentres con tu roca, tu torre fuerte? Para mí, a veces es el sillón de la sala, temprano por la mañana. O de noche al lado de mi cama, de rodillas.

¿Y tú? ¿Tienes ese lugar? Si no lo tienes todavía, hoy quiero animarte profundamente a encontrarlo. Porque lo necesitas.

Ahora mientras tomas un tiempo de oración y adoración, escucha esta frase como si Dios hoy te la estuviera diciendo:

“Quédate quieto. No importa lo que enfrentes… Yo estoy aquí. No importa lo abrumado que estés… Yo soy tu torre. Cuando tu corazón desfallezca… Yo soy tu roca.”

Permíteme orar por ti:

Dios mío y Señor mío, mi anhelo y oración hoy es que quien está leyendo esto experimente un momento en tu presencia que lo cambie todo. Un momento tan real, tan profundo, que despierte un hambre por ti que no se apague jamás. Que corra a ti no solo en los días de tormenta, sino cada día, con gozo. Gracias por ser mi roca. Gracias por ser mi torre fuerte. En el nombre de Jesús, amén.

Mi amigo, mi amiga, cuando conoces y experimentas la Roca más alta que tú… nunca más vas a querer volver a bajar.

Nos vemos el próximo lunes.

Eleazar D.